“¿Vargas? ¿Aún no habéis acabado de tocarme los cojones con él? Voy a acabar creyendo que el resto de mis ciento de historias de guerra no son del agrado de vuestros oídos.
¡Si vos lo queréis, pues así sea, sajón!”
Este tipo fue un fiel siervo del conde de Spinola. Cuándo éste último cruzaba al oeste del Imperio siempre llevaba con él a su fiel mastín.
De fiar, temible, un estratega despiadado y meticuloso, sin desperdicio alguno, el castellano se forjó una sólida reputación como líder de ejércitos. Spinola lo sacó muy rápidamente del tercio para encomendarle taeas de lo más… delicadas. ¿Un ejemplo? ¡Por supuesto, mi buen Gunthar! Entonces sírveme un Continuar leyendo ‘Dos sombras en la noche’



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