Perecha y Gu
- Lo has hecho tú.
- No.
- Te vi.
- Tus ojochs te habrán engañado. O tal vech sea un efecto de los gasechs del pantano.
- Tú no … Oh, dejémoslo estar … “
Mientras su compañero se arrastraba hacia otro montículo, la pequeña y obesa criatura dejó escapar un pequeño cloqueo satisfecho pero se repuso en seguida, se veía forzada a cruzar los brazos para mantener cerrada su inmensa boca cuyas quijadas colgaban hasta el suelo. El otro se giró un instante, con una mirada suspicaz. El pequeño gordinflón intentó silbar y sólo pudo emitir un gorgoteo húmedo y se llenó los brazos de baba.
Su compañero, asqueado, le dedicó un leve gesto de desprecio y se volvió para subir la pendiente resbaladiza y aún húmeda. El Condenado de la Gula se alegró. Mientras que la otra criatura emprendía su peligrosa escalada a zarpazos y lanzando fuertes gemidos patéticos, retiró sus entumecidos dedos minúsculos de su estómago lleno a rebosar. Sorbió los jugos que le quedaban alrededor de la boca, que, visto su tamaño, le llevaría cierto tiempo.
” ¡Está alto, eh! ” El condenado de la Gula alzó la mirada para ver la altura del montículo, pero su compañero todavía estaba a mitad del camino. Se paró un instante, apoyándose sobre una lanza que sobresalía del montículo. Allí, posado como un gorrión en una rama, podía abarcar todo el campo de batalla con la mirada. El Condenado de la Gula depositó su hallazgo delicadamente en el pequeño bolsillo y lo cerró con cuidado, aguantándose las Continuar leyendo ‘Los segadores 3/5′



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