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Jun
08

Los secretos de un viejo hombre

Cuatro siglos de presencia en el Infierno. Este es el tiempo que hace. Imaginaros pues lo que pudo hacer el Viejo de la Montaña cuando descubrió que no envejecía… ¡Todo era posible! Tenía ante él un nuevo reino que había que descubrir y controlar. Y sobretodo, sobretodo estaba donde ningún creyente había ido jamás, al lado de la de Verdad. La Puerta del Paraíso. Qué búsqueda más hermosa podría ser aquello para un creyente como Hassan ibn al-Sabbah.

Hassan ibn al-Sabbah envió a sus hassassins a buscar por todas partes. Primero alrededor de su nueva fortaleza, luego cada vez más lejos. Y reunió meticulosamente toda la información recolectada. Millares de cartas, de informes, de descripciones, de planos… Pero también los estudios sobre la flora y sus usos medicinales o alquímicos, los diferentes Demonios, los recursos geológicos de la Materia Prima… Una materia cuya importancia Hassan ibn al-Sabbah comprendió al instante. Una biblioteca secreta reúne todos sus estudios, y todos sus atlas detallados ocupan un ala de la nueva fortaleza.

Y los informes continuaron llegando cada día desde todos los lugares del Infierno. Y cada día, el Viejo escuchaba los informes que le traían sus hombres.

Al cabo de un siglo, Hassan ibn al-Sabbah ya tenía una idea aproximada sobre los diferentes círculos existentes, los archidemonios y los ángeles caídos que dirigían los principales reinos, los conflictos políticos… Pero nada sobre la Puerta al paraíso. Por supuesto que había muchos rastros e indicios por aquí y allí, pero nada convincente. Entonces Hassan ibn al-Sabbah comprendió que no podría encontrarlo él solo. Tenía que entrar en contacto con los seres que vivían allí. Entonces envió emisarios. Muchos nunca regresaron. Otros volvieron con pactos y tratados, el acceso a ciertos territorios, a ciertos conocimientos, que se costeaban con vidas mortales. Y vidas era lo que Hassan ibn al-Sabbah tenía de sobra con la llegada de los mongoles, y luego los mamelucos, y los selyúcidas… todos atraídos por la Materia Prima. Una fuente prodigiosa de poder y riquezas que el Viejo de la Montaña no pudo abstenerse de ponerla bajo las narices de los diferentes visitantes para captar mejor su atención. Siempre con éxito.

Y las diferentes facciones musulmanas probaron su suerte en los Infiernos, sin saber que el Viejo de la Montaña, junto con sus aliados de aquel lugar, ya había decidido su suerte. E incluso si triunfaran militarmente, su búsqueda de la Materia Prima los condenaría de seguro.

Un siglo después, al viejo de la Montaña se le planteó una situación espinosa: conocía los Infiernos mejor que nadie, pero no progresaba en absoluto. Le faltaba alguna cosa. O más bien sentía que había perdido algo: la pureza de su fe. Aunque había conservado el ánimo, había perdido el instrumento principal para alcanzarlo. Fue entonces cuando llegó Osman con su fuerza unificadora y su fe. Y aquí, Hassan ibn al-Sabbah comprendió que no podría controlarlo como hizo con sus predecesores. Entonces decidió ponerse a su servicio, porque el enfrentamiento le habría conducido a su fin. Lo sabía. Era el momento de prepararse…. y esperar la oportunidad.

Porque eso era lo que los otomanos representaban para Hassan ibn al-Sabbah: una herramienta para su búsqueda, actualmente atorada en un punto muerto. En efecto, con los otomanos llegaban hombres nuevos, puros e íntegros, que venían con la misma búsqueda espiritual que él. El Viejo de la Montaña pensó que con toda esa sangre nueva, entre esos hombres santos, encontraría al menos uno en el que la fe fuera suficientemente pura como para llevar a cabo la búsqueda. Y Hassan ibn al-Sabbah estaría justo detrás de él para agradecérselo y tomar posesión inmediata de aquello que buscaba desde hacía siglos. Agazapado en su fortaleza, el Viejo de la Montaña espera y escucha los informes de sus hombres. Espera. Tiene todo el tiempo del mundo. Espera. Sabe que un día u otro lo inevitable llegará. Y él estará allí.

Para los hassassins y los nizaritas, más allá de la búsqueda de su señor, existe un peligro inmediato: la pérdida progresiva de su autoridad sobre los territorios infernales. Otomanes, infieles, mercenarios, Perdidos aliados… Jamás hubo tantas facciones, peones sobre el tablero. En esas condiciones, no resultaba fácil conservar el mismo margen de maniobra. Afortunadamente, a los hassassins aún les quedan conocimientos secretos con los que regatear y que les permiten ser indispensables… ¿Pero hasta cuándo?

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