12
Jun
08

Una vida en el Infierno

¡Mierda de frío! ¡Cómo si las garras, los colmillos y la putrefacción no fueran suficientes!

Sin embargo en los sermones del Padre Wurtenberg, el Infierno se describía como una llanura infinita, ígnea, vacía y poblada por seres de pesadilla. Dejando de lado esta última parte, hay que reconocer que el crucifijo le nublaba la vista, menudo sacerdote. A veces pienso que más allá de este caos infinito, tras el portal de Magdeburgo, el mes de junio está en pleno apogeo. Junio y su calor, las niñas que gritan, los niños que lloran, los reiteres (una unidad de soldados alemanes) que gritan, saquean y violan… Hecho de menos los horrores de la guerra.

Recuerdo con cierta nostalgia los caminos de la campiña sajona, rebajados por el incesante paso de los ejércitos. Conservo en la memoria la imagen de millares de coraceros recubiertos de acero de pies a cabeza. También veo de nuevo las caravanas de suministros y las de artillería, así como la masa bulliciosa de soldados gritones llevando picas o mosquetes.

Debo tener el cerebro reblandecido para apreciar estos actos de matanzas y destrucción. Los caminos, ondulantes como las funestas serpientes sobre las colinas bajas, estaban frecuentados por la muerte y la ruina. Alrededor de esta ruta, una legión de desconocidos daba testigo de la locura de los hombres: una legión de cadáveres podridos carentes de sepultura, hombres, mujeres y niños, todos ellos invitados al festín de los cuervos y al baile de los ahorcados. Los pocos supervivientes que quedaban estaban famélicos, sucios y miserables, y tenían la mirada vacía de los muertos. ¡Incluso nos daba la impresión de cruzarnos con no-muertos alzados de su descanso eterno por medio de la diablería!

Esta parte del Infierno se parecía bastante a una llanura de polvo grisáceo, como si se hubiera reducido a papilla toneladas de huesos humanos. Avanzábamos es formación de abanico, bajo un cielo violáceo con matices de azul. Un viento helado, cargado con aromas de putrefacción mohosa soplaba en todas las direcciones, levantando el polvo y formando gigantescos tornados. Para rematar, empezó a caer una llovizna corrosiva que nos quemaba los ojos, la garganta y la nariz.

Jamás debía aceptar abandonar mi regimiento de Dragones. Tenía una gran fama, la de Tirador de primera. Me respetaban: yo dirigía el mejor escuadrón de la compañía. El Mariscal Pappenheim en persona me condecoró y me ascendió a sargento; me juró que llegaría muy lejos en el servicio militar. Si hubiera sabido hasta que punto seguramente me habría negado. Klaus, sargento Klaus, ese es quien soy; y aquí ,más que en ningún otro sitio, debo luchar para sobrevivir.

Hace dos días que los exploradores salieron, y ahora hay más noticias. Cuando le pregunté al capitán por qué estábamos aquí, me respondió torpemente, antes de alejarse con prisa, y un poco molesto, que buscábamos una determinada sustancia…

Anuncios

0 Responses to “Una vida en el Infierno”



  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


Foro Hell Dorado en español

Dragones helldoreños

Hoy estamos a…

junio 2008
L M X J V S D
« May   Jul »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30  

Archivos

Posts Más Vistos

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 9 seguidores

Helldoreños que nos han visitado

  • 188,246 helldoreños

Desde donde nos leen


A %d blogueros les gusta esto: