07
Jul
08

Los Segadores 1/5

Os levantáis, Thomas el segador, y como cada mañana abandonáis vuestra morada sin mirar atrás, sin pronunciar palabra, sin un adiós y con el corazón desgarrado por la separación. Con las primeras luces de un alba macilenta, cada paso os cuesta como si debierais caminar sobre filos de cuchillos, pero sin embargo debéis ir a la laguna.

La cosecha no espera. El Ballestero, vuestro señor, no es un hombre paciente.

Vuestro es realmente cruel, Thomas el segador, es un hombre sin piedad, con mano de hierro, y su alma es como una roca sobre la cual el tiempo no parece hacer mella. Se dice que él fue esclavo en otro tiempo, pero de esos años de sufrimiento él sólo ha guardado la maldad y la perversidad.

¿Os acordáis de la cara de vuestro señor, Thomas, del sonido de su voz o tan sólo del color de su blasón? En realidad no: todo os parece inmerso en una niebla impenetrable. A decir verdad os faltan todos vuestros recuerdos. Y esa cara tan dulce que vuestra alma quiere recrear, esos rasgos tranquilizadores que parecen escurrirse como la arena de entre vuestros dedos… ¿A quién pertenecen? ¿Es un cuadro que vistéis tiempo atrás, un icono, una estatua, un símbolo? ¿O una mujer de carne y hueso, una mujer viva?

El grito de uno de vuestros compañeros os saca de vuestros pensamientos – ¡Aquí! ¡Aquí! ¡Y aquí también! ¡Están maduras, están maduras! – Y acudís con los demás. Cuando véis los bulbos gordos, los pétalos relucientes y los robustos tallos salir del agua pútrida como si fueran dedos, la satisfacción de haberlos encontrado se desvanece rápidamente. Debéis introduciros en el cieno y remover el fango para alcanzar las raíces de estas preciadas flores y tirar, jadear, sufrir y sudar para sacarlas de su lecho viscoso y tibio.

A veces sentís la inmunda caricia de una criatura invisible en vuestras pantorrillas o brazos, y a veces oís el grito de dolor de uno de vuestros compañeros de fatigas que habrá confundido a una “babosa de cuero” con el tallo de una flor de agua, y ha sufrido una grave mordedura. Es un largo día de trabajo sin otra cosa para comer que los mohos púrpuras que crecen en la superficie de las aguas corrompidas. Y maldito sea aquel que, cediendo al hambre y a la sed, se le ocurra guardarse para él una de las plantas de la cosecha, porque en seguida vendrá uno de los contramaestres del señor para castigarle.

A medida que el día avanza, vos perdéis las fuerzas y os dejáis llevar. ¿Por qué no tumbarse allí, bajo las tibias aguas del pantano y dejar que los gusanos os vayan devorando para aplacar vuestra hambre; para que se introduzcan por vuestras fosas nasales y en la boca para transformaros poco a poco en lodo de los pantanos? Desaparecer, no ser más que tierra y agua, olvidar los sufrimientos eternos de la carne.

Entonces os vuelve la memoria, viva, clara y dolorosa como un latigazo. Esa cara es la de vuestra amada, y está gravada a fuego en vuestros sesos. Es a ella a quien dejabais esta mañana con la cabeza embotada y el paso pesado; y es a ella a quien podréis ver de nuevo esta noche. Retomáis la tarea y miráis a vuestros compañeros. Ahí están Jehan y Livio, 2 papistas de la peor calaña; pero también Samuel el judío; y Renart y Quillen, que no creen en nada. Todos ellos, al igual que vos, alzaron la cabeza, aunque están bajo el látigo de sus amos sarracenos. Ellos también parecen revigorizados. Es una maravilla ver a esta banda heteróclita trabajar codo con codo en la miseria y el sufrimiento, y hasta sonreírse brevemente unos a otros.

Porque de no estar sometidos a este espantoso yugo, si la mano de Ballestero no fuera un peso sobre su vida como una capa de bronce, se matarían como lobos, como perros. Vos, Thomas, ya derramasteis sangre en otra época. ¿Os acordáis de esa época cuando pisabais la tierra con la misma arrogancia que los actuales carceleros?

Cunado el día se termina, reunís la poca fuerza que os queda para arrastraros hasta casa. Lo único que os mueve es el recuerdo de ese ángel que os toma de la mano, y cuando os adentrabais en el lodo grasiento de los pantanos vuestros ojos se volvían hacia ese dulce rostro, ahora os arrastráis hacia ella patético y débil como un niño.

Por fin veis vuestra casa. Es una choza modesta, pero es grato vivir en ella, y aunque vuestros huesos helados olvidaron el calor vos sabéis que allí nunca se siente frío. Ella está allí esperándoos detrás de la puerta cerrada. Os levantáis febril, al límite de vuestras fuerzas y titubeáis como un borracho. Esa puerta está tan cerca y tan lejos, y cada paso que dais es una pequeña agonía.

He aquí que aparece una silueta frente la casucha. Su sombra se proyecta sobre el muro como dibujada por el estallido infernal de las llamas y a lo lejos oís el ruido de las armas. El desconocido derriba la puerta de una patada y escucháis el grito de una mujer. El hombre entra en la casa y a pesar de todos vuestros esfuerzos no lo alcanzáis. Reunís todas vuestras fuerzas, pero no bastan. la puerta se cierra y empiezan los aullidos entremezclados con los bestiales jadeos del desconocido. Los gritos de la mujer se hacen cada vez más débiles y más desconsolados, mientras que la voz del hombre se convierte en gruñidos y luego en una exclamación breve y victoriosa.

Cuando sale de la casa, reajustando su arma al cinturón de su calzón aún desabrochado, tenéis cara de asombro. Sus manos y su camisa están manchadas de sangre. Y cuando su cara aparece finalmente a la luz os inunda el temor y se os rompe el corazón, Thomas el segador. Porque estáis contemplando vuestro propio rostro.

Son vuestros ojos inundados por el Abismo del que no se vuelve una vez se ha cruzado, Thomas el asesino. Lo que miráis con asco es vuestra boca abierta y vuestros labios torcidos en una horrible mueca, Thomas el violador, Thomas el asesino. Y vos os acordáis, Thomas el despiadado, de vuestra vida anterior: cuando erais un mercenario, un saqueador y un homicida. Cuando vos vivíais de la rapiña y la masacre. Cuando vivíais de la espada.

Cuando vivíais.

Casi llegáis a las puertas de la morada, pero antes de que podáis decir nada al antiguo Thomas, éste desaparece en la noche y os deja sólo, acostado allí, a un paso de lo que es al mismo tiempo vuestro pecado, vuestro castigo y vuestra esperanza de redención. Tal es vuestro castigo eterno.

Y vos os acostáis en el polvo y os convertís esta noche en pasto de los gusanos. En ningún momento descansaréis. Sentiréis sus bocas ávidas que atormentan vuestra carne y querréis gritar, pero ya están en vuestra garganta, en vuestra boca y os devoran la lengua. Querréis llorar, pero los condenados de vuestra especie no tienen lágrimas que verter. Y por la mañana lo habréis olvidado todo. Sólo quedará el sufrimiento.

Recordaréis el Eclesiastés 9,5: “los vivos saben que morirán, pero los muertos no saben nada y ya no hay nada para ellos ya que su memoria no se acuerda de nada. Y su amor, su odio y su envidia desaparecieron, y nunca más tendrán nada de todo lo que se hace bajo el sol”.

Os levantaréis, Thomas el segador, y como cada mañana dejáis vuestra morada sin mirar atrás, sin ninguna palabra, sin un adiós y con el corazón desgarrado. Bajo las primeras luces de un alba macilenta, cada paso os costará como si caminarais sobre filos de cuchillos, pero sin embargo deberéis ir a la laguna.

Porque la cosecha no espera.

 

Anuncios

0 Responses to “Los Segadores 1/5”



  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


Foro Hell Dorado en español

Dragones helldoreños

Hoy estamos a…

julio 2008
L M X J V S D
« Jun   Ago »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  

Archivos

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 11 seguidores

Helldoreños que nos han visitado

  • 187,817 helldoreños

Desde donde nos leen


A %d blogueros les gusta esto: