15
Jul
08

La novela

Tal y como dije hace unos días, aquí está en exclusiva el primer párrafo de la novela de Hell Dorado que debería salir en Francia en noviembre:

“En la llanura aullante, las borrascas de cenizas flagelaban las corazas y los corazones.
La compañía avanzaba a duras penas contra este viento gris, soplaba con tanta fuerza que su esencia parecía venir de la locura y del horror sufridos por las almas antes de su descenso a los infiernos.
Por aquel entonces marchábamos, sin ningún sentido
 
y sin pretender llegar a ningún otro lugar que no fuera este.
En Ampharaus, o en cualquier otro lugar del Reino del Inframundo, seguíamos su camino sin ninguna certeza.
En el viaje se gasta el tiempo que haga falta y, es que,el tiempo mismo realmente no tiene ningún sentido. Los hombres, las chusmas soldadescas de toda la Europa, avanzaban en columna, una formación útil para las marchas largas, cuya única distracción es el recuerdo de los malos tratos infligidos a la familia, al pueblo, del enemigo del ayer, que ahora resulta ser compañero del camino y está a unos dos pasos delante o detrás.
¡Qué singular destino el avanzar así! Habríamos podido considerarnos muertos porque, al final, es la mejor forma para que los vivos se reconcilien entre ellos.
Pero no, allí era la costumbre tomada por los generales de Nueva Jerusalén, edificada al borde de la Laguna Estigia.
Desde la paz de Magdeburgo, las compañías estaban formadas por todos los tipos de hombres, el hugonote con el católico, el español con el sajón, el bávaro con el Palantino…

Así es como se pretendía olvidar los rencores del pasado, seguramente avivados por pertenecer a un cuerpo de veteranos de guerra. Una guerra que había sumergido tan profundamente en la barbarie al Santo Imperio Germánico que la frontera con el más allá había sido abolida… Por lo menos es el argumento que los demonólogos les daban a los príncipes para darse importancia y disimular su ignorancia sonre tal fenómeno.
Por lo tanto marchábamos codo con codo y, ahora, las cenizas flotaban en el aire, las rocas bajo las botas y la cúpula púrpura sobre las cabezas, la cual creíamos que era el cielo, todo esto comenzaba a hacer mella en los espíritus más fuertes.”

Y el texto en francés:

 

Dans la plaine hurlante, les bourrasques de cendres flagellaient les cuirasses et les coeurs.
La compagnie avançait péniblement contre ce vent gris, puissant souffle qui semblait tirer son essence même de la folie et de l’horreur subies par les âmes avant leur descente aux enfers.
Alors on marchait, sans notion de rien et sans plus prétendre arriver où que ce soit.
En Ampharaüs, ou ailleurs au sein du Royaume du Bas, on suit son chemin sans aucune certitude.
Le voyage prend le temps qu’il faut et  le temps lui-même n’a plus vraiment de sens.
Les hommes, racailles soldatesques de toute l’Europe, avançaient en colonne, formation utile aux longues marches, avec pour seule distraction la mémoire des sévices infligés à la famille, au peuple, de l’ennemi d’hier, à présent voisin de route à deux pas devant ou derrière.
Quel singulier destin que d’avancer ainsi ! On aurait pu se croire mort car, au final, c’est la meilleure manière pour les vivants de se réconcilier entre eux. Mais non, il s’agissait là de l’habitude prise par les généraux de la Nouvelle Jérusalem, bâtie au bord du Styx.
Depuis la paix de Magdebourg, les compagnies étaient composées de tous les genres, l’huguenot avec le catholique, l’Espagnol avec le Saxon, le Bavarois avec le Palantin…
C’est ainsi qu’on prétendait oublier les rancoeurs du passé, attisées à coup sûr par l’appartenance à un corps de vétérans de la guerre. Une guerre qui avait plongé si loin le Saint Empire Germanique dans la barbarie que la frontière avec l’au-delà en avait été abolie… Du moins c’est l’argument que les démonologues servaient aux princes pour se donner de la contenance et dissimuler leur ignorance du phénomène. Alors on marchait côte à côte et, à cette heure, les cendres en suspension dans l’air, la rocaille sous les bottes et le dôme pourpre au dessus des têtes qu’on tenait pour être le ciel, tout cela commençait à peser durement sur les esprits les plus forts.

 

 

 

 

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