11
Ene
09

Cheng Xiao-Chen por Thomas Cheilan

” La princesa Lilith había venido a  visitar a ” sus primos ” de los Nueve Iris.

A ella le gustaba llamar así a los archidemonios por el placer de la provocación mezclada con una pizca de placer obsceno. Obviamente, al ser su rango inferior al de los Nueve, esa forma de llamarlos era un completo sacrilegio. Pero la princesa siempre se permitió este tipo de faltas,  incluso me atrevería a decir que incluso mayores, en numerosas ocasiones y en cualquier situación.  Reconozco que la evocación de las hazañas, de las que ella se sabe culpable, enciende mi pluma; pero no hay nada más irritante que te informen de ellas otros a pesar de haber participado en ellas, precisamente de eso trata, por desgracia, mi triste condición de Gran Cronista.
De todas formas, las súcubos, por el momento, no estaban en la orden del día, y por mas que la muy lasciva se pavoneaba en las posturas más obscenas, con innumerables instrumentos de tortura apartados de su función, pasaba desapercibida. Simplemente, los grandes señores feudales tenían la cabeza en otro lado.

Lilith venía desde sus provincias – tan lejanas que olvidaríamos el nombre en estos tiempos turbulentos – para tratar asuntos que inquietaban al tribunal infernal. Y nadie parecía querer prestarle atención .

Mi terrorífico soberano, Angra Manyu, se había negado a recibirla hasta que no jurara que su único señor era Lucifer. Es verdad que, para Lilith, el servir a un único señor significaba perderse mucha diversión y, podemos estar seguros de que aceptó esta orden con el mayor de los desdenes.
Pero, en esta reunión, no fue tratada mejor que los demás; cosa que la enfureció en sobremanera.  Ella no quería aceptar que estaban en guerra y que la llegada de los ángeles a la ciudad cautivaba la atención de los más poderosos.

Por otro lado, la bestia no se sentía vencida por tan poca cosa. Gracias a su número de provincial, había conseguido  incitar a una pequeña hermandad de embajadores infernales, a los que prodigó sus favores rápidamente, devolviéndolos a su estado primitivo de diablos del Sabbat.
Su cortejo de Cornudos le había dado un poco de atención, ella deseaba  hacerse notar  en el campo de batalla más cercano, fuera de los Nueve Iris.
Con ello, pretendía continuar con la política, haciéndose famosa mediante algunas hazañas guerreras.
Su decepción fue grande cuando, una vez fuera de la titánica y tenebrosa morada del archidemonio, comprendió que, con todas las compañías que la precederían en el camino, parecería más bien una zorra oportunista  que  pretendía robarles el primer sitio. Por eso, decidió tomar un atajo que los estrategas parecían haber olvidado.
Los diablos que la acompañaban intentaron, en vano, disuadirla de ello; pero Lilith sólo veía ante  ella una puerta de acceso uno de nueve ducados. Con su rango de princesa, podía obligar a cualquier archiduque a dejarle atravesar su feudo.

Así es como Lilith se vio transportada a un paisaje extraño y especialmente apacible, cosa rara. El cielo lucía con una dulce claridad, y la nieve cubría las colinas cercanas, salpicadas por árboles muertos. Allí, sobre un pequeño puente de piedra que salvaba un río, se hallaba un anciano oriental con la cara descarnada por los siglos, una momia envuelta en delicadas telas de seda, alrededor del cual se enrollaba un lémur o, mejor dicho, un dragón.

Aquí, vuestro humilde servidor reproducirá la escena tal y como se considera que fue.

Lilith se adelantó hacia el puente, contoneándose provocativamente, exhibiendo sus arrebatadores pechos y luciendo la expresión de la más inocente de las vírgenes.
Sin ni siquiera inmutarse por esta exhibición, el mandarín infernal desenrolló, hasta el suelo, con un gesto enérgico, un rollo de pergamino. A medida que lo consultaba, sujetando el borde superior con su larga mano con garras, la impaciencia parecía apoderarse del anciano.

– ¿ Quién eres, criatura?- acabó pidiendo con tono autoritario-. No encuentro la lista de tus crímenes.
– Me llamo Lilith – respondió la princesa con picaresca -, y no cometí crimen alguno, ya que no soy una condenada.
– ¿Ningún crimen? ¿Estás segura?

Con su mano libre, el mandarín empezó a garabatear el pergamino. Su actitud superior irritó a la demonio.

– ¿ Qué te atreves a escribir en mi contra, viejo macho cabrío? – Exigió cruzando los brazos.
– Lilith, intento de corrupción a un burócrata imperial. Y voy a añadir también el ultraje del que acabas de ser culpable… “viejo macho cabrío ” es irrespetuoso.

Esta respuesta provocó la cólera de la súcubo, cuyos cuernos crecieron desmesuradamente mientras el color de su piel se tornaba rojo sangre.

– ¿ Y con qué derecho puedes permitirte levantar acusaciones contra mi noble persona?- Gritó.
– En virtud de los exámenes imperiales que pasé con éxito durante la dinastía Sui – respondió el mandarín con brillantez.

Fijando sus pequeños ojos relucientes en la mirada colérica del demonio, retrocedió un ligero paso alargando uno de sus dedos grifudos hacia la criminal.  Y esto, por supuesto, sin dejar de blandir en la misma mano, debido a algún principio religioso, el rollo de pergamino.
Él acompañó sus movimientos con una enérgica amonestación:

– Me llamo Cheng Xia-Chen y en las tierras de mi señor sólo se aplica su ley. Consiente a expiar tu pena en el decimoctavo infierno o el castigo podría ser aún peor.

Lilith, sin pensárselo, lanzó al asalto del pequeño puente a su compañía de diablos. La rabia de su encantadora ama exigía una carga bestial para aniquilar al susodicho.

Quiso gritar una orden destinada a reforzar el furor de sus tropas, pero la mirada que lucía  Cheng le hizo perder el hilo de sus pensamientos.

El primer agresor alcanzó al burócrata, seguido de cerca por los demás. Los Embajadores que cerraban la marcha  saltaron directamente al río para rodear a su presa. De esta forma, todos fueron alcanzados por el aliento de dragon del lémur que los honró evaporándose. Esto hizo menos precisos sus ataques.  El cornudo que iba a la cabeza, y que cargó contra el mandarín, iba mucho más lento y recibió más golpes de los que infligió.
En vez de morir al instante, la sublime momia se mostró especialmente resistente sobreviviendo a las primeras bandadas de garras y que drenando la vida del adversario, con una celeridad notable de sus gestos.
Al ver que los guardianes del lugar acudían desde todos los lados, Lilith, que observaba la escena desde lejos, les gritó a sus sirvientes: ” ¿No vais a poder arreglaroslas con un maldito viejo panda de incompetentes? ”

Este insulto cansó a los diablos que, viendo que el burócrata se les resistía y que se acercaban sus refuerzos, abandonaron el combate y a la princesa. Pero uno de ellos no se fue porque Cheng drenó su vida para curarse completamente.

Entonces, él se reajustó su vestido, retomó  su sitio sobre el pequeño puente y le recuperó a su dragón,  sin señal alguna de agotamiento físico.
Lilith lo vió garabatear de nuevo en su pergamino y su cólera se difuminó, para dar paso a la hilaridad cuando comprendió que el burócrata imperial Cheng Xiao-Chen estaba agravando la lista de los cargos que pesaban contra ella… La idea de dejarse tomar por manos expertas sobre una mesa de torturas le embargó el espíritu.

– ¿ Cuáles son los castigos infligidos en el decimoctavo infierno? – Preguntó con aire travieso.
– La destrucción del alma – respondió el burócrata.- Pero mi Señor puede transformar la sanción en pena  menor  si das prueba de humildad.

Estas son las últimas palabras que oyó el embajador infernal que me trajo este suceso antes de huir de las tierras del rey Yanluowang.
Desde entonces, el tribunal infernal no ha vuelto a tener noticias de la princesa Lilith. ”

Abaadoth, Gran Cronista de los Nueve Iris

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3 Responses to “Cheng Xiao-Chen por Thomas Cheilan”


  1. 1 Selenio
    11 enero 2009 en 1:36 pm

    Es sin duda curioso el relato. Y aún más curiosa es la inclusión de Angra Manyu como señor demonio a las órdenes de Lucifer.

    ¿Qué pensará de ello Ahura Mazdá, su gran némesis?

    Selenio.

    P.D: Diles a los franceses que se pongan de una vez a hacer el juego de rol de Helldorado, que es lo que realmente importa.

  2. 2 Publio_Elio
    11 enero 2009 en 5:05 pm

    Pues yo me conformo con que lleguen a traducir algún día, tanto las novelas, como el trasfondo del juego. Por ahora, y para los que no dominamos el francés, la mejor fuente que tenemos es este blog.

    ¿Van a sacar un juego de rol? Sabía lo del juego de mesa, pero ¿de rol? No tenía ni idea…


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