02
Sep
09

Vincenzo Maculano de Fiorenzuola, por Pierre Bouas

La bruja recibió al inquisidor con una mirada fría y altiva.

– Fra Fiorenzuola… ¿Veníis para reconocer vuestra incapacidad para probar mi bautismo delante de los Seis? Oh, lamento mucho escapar de la jurisdicción del Santo Oficio … Vuestros numerosos adversarios en el consejo de Nueva Jerusalén os disputarán los placeres de mi cautividad y de mi ejecución… qué terrible desengaño, ¿no?

Ella estaba en lo cierto: ¡No había ningún rastro de que esta pequeña puta hubiera sido católica alguna vez – ni siquiera cristiana- y era imposible sonsacarle una confesión! La Inquisición se esforzaría en conservarla más tiempo. Lo que no cambiaría nada para ella: el destino de la presa fue sellado, ya sea entre sus manos, los Hugonotes, o cualquier otra autoridad de la colonia infernal.

– No me regocija la idea de una ejecución, ni siquiera la tuya, víbora – respondió Vincenzo con un aire serio y dulce de apóstol-. Soy sólo un investigador, yo establezco los hechos.
– ¡Ve a otro con ese cuento!

Esta maldita hembra maldita lo impresionaba con su calma. Bella y educada, Alazaïs apareció de la nada, hablando un latín perfecto, y manifestando un conocimiento de los misterios que hasta los mejores eruditos de la ciudad le envidiaban. Ella no se parecía en nada a la imagen popular de la vieja campesina que se ofrecía a Satanás las tardes de Sábado, y eso estaba bien. El mismo Vincenzo no era el tipo de inquisidor al que le inquietaba quemar a los charlatanes de campo. La Iglesia le había encargado una misión algo más delicada: combatir las tesis heréticas nacientes, como la que había propagado Galileo hacía unos años. Pero aquí abajo, el enemigo era diferente.

– El rumor dice que el diablo Ridlas, en el corazón de su antro de horror, tiene cautivos a prelados difuntos …
– ¿Me hablas de abades y de cardenales caídos en condenación eterna? – Se rió burlonamente la hechicera-. ¡Es algo tan común en nuestros Infiernos! Ridlas los colecciona y se jacta de ello, es cierto. Él pretende por todas los medios que la joya de su colección sea este Papa, ¿cómo se llama? Venga, está en vuestro calendario de  santos…

Al ver tensarse la cara del monje, Alazaïs añadió con deleite:

– Pero por otro lado, oh gran inquisidor, ese tormento que un diablo inflige a esos ” difuntos a prelados “, no es más que un castigo que corresponde a la voluntad de … ¿ Dios?

¡Qué altanería, qué blasfemias, aquí, en estos lugares! Cualquier otro habría vomitado nada más haber pronunciado estas palabras. Sin embargo Vincenzo los ignoró y repitió serenamente:

– No dejaré que esta leyenda se difunda. ¡Si por ventura esta farsa parece verdadera, no es más que un nuevo artificio de Satanás! Y sería mi deber ponerle fin, antes de que el abyecto partido hugonote la utilice contra la verdadera Fe. Dispongo de siete compañías, pero todavía me falta lo esencial: un guía.  Sabes el camino hacia el antro de Ridlas ¿no?.
– Así es, pero es un camino tortuoso. ¡Por desgracia! Vos lo habréis comprobado, padre; mi memoria no funciona bien entre cadenas y cárceles…

 -Por tu bien, bruja, esperemos que una vez fuera de estos muros,  la recuperes…

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