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Crónicas de Zaebas – Un rey en el campo de batalla (1ª parte)

Este relato, que decidí dividir en dos partes dada su extensión, lo colgué en octubre; pero lo subo a la primera posición porque en breve pondré la 2ª parte y así no se pierde el hilo de la historia.

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Los vientos infernales avivaron el ardor de las rocas ardientes. En medio de la desolada extensión de tierra y fuego se alzaba el antiguo arco, el escenario de la primera batalla de Sabiduría. A través de ese portal, los beligerantes había alcanzado el reino de todo el saber perdido. Habían muerto en nombre de su locura: la búsqueda obstinada del poder.

Un ejército fantasmal surgido de bibliotecas crepusculares había rechazado de Sabiduría a todos los invasores. Y, a este lado del umbral, se volvían a encontrar en el feudo del señor demonio Zaebas.

Ninguna de las facciones podía mantener por mucho tiempo el control de las tierras ardientes que bordeaban el arco. Los generales habían preferido abandonar el terreno en lugar de tener que disputárselo con todas las tropas enemigas que ansiaban esa posición.

Así pues, europeos, mercenarios, Perdidos, sarracenos y demonios, habían establecido sus campamentos fortificados en los alrededores. Los oficiales enviaban compañías a cruzar el portal, con la esperanza de rapiñar más que el vecino y de regresar antes de que la garra de los condenados de Jerusalen se abatiera sobre los intrusos. Las escaramuzas entre saqueadores enemigos eran el pan de cada día en los alrededores del portal, sesgando vidas en una interminable danza de aceros.

Sin embargo, la moral de las tropas era excelente. La infantería apenas se preocupaba de saber cuánto tiempo iba a durar la batalla. Los combatientes estaban ebrios de las maravillas descubiertas al otro lado. Las perlas del conocimiento… Ellos habían tomado demasiado y sólo aspiraban a una cosa: regresar lo antes posible a la fuente de ese néctar único.

Hassan ibn al-Sabbah, el señor de los hashishins, había descubierto a dos de sus hombres bajo la influencia de las perlas, entregándose a una singular interpretación del Corán, demasiado libertina para su gusto. Sus cabezas aún adornaban su tienda como advertencia para los demás.

Por ahora, el Viejo de la Montaña escudriñaba las inmundas extensiones desde las alturas, donde se alzaba el campamento sarraceno.

La Viajera… ella iba a su encuentro sin escolta, como si la zona fuera segura. Los nizaritas la llevaron ante Hassan. Él, con un gesto, la invitó a que tomara asiento, cosa que hizo sin mediar palabra. A través de su rostro lívido e inexpresivo, el Viejo de la Montaña la miró de arriba a abajo durante un buen rato. Ella no desvió la mirada en ningún momento, y raros eran los interlocutores de Hassan que podían jactarse de haberlo hecho durante tanto rato. Porque sus ojos crueles, y cinco veces centenarios, provocaban una sensación de malestar que amedrentaba a las voluntades más feroces. Fue al-Sabbah el primero en romper el silencio. Esto tampoco estaba en sus costumbres.

   – Ante Alá me abstengo de jactarme de mi larga experiencia como vivo, pero en los Infiernos aún hay descubrimientos capaces de sorprenderme. En la época de la invasión cristiana en Jerusalén, Hugues de Payns, comandante de la Orden del Temple de los caballeros de Salomón, fue mi aliado secreto. Los templarios descendieron al Infierno después de mi, pero nuestros caminos se separaron. Lo creía perdido. Y he aquí que resulta ser el guardián de un fabuloso templo que desconocia que existiera.

Estas palabras suscitaron un comentario de la Viajera. Su voz parecía quebrada por el furor de alguna batalla reciente:

   – Así que adivinaste la identidad del señor que vela por el Reino de Sabiduría… – dijo cuchicheando – ¿Qué más sabes?

   – Que eres un misterio. Tienes la apariencia de una mujer joven, pero tu alma es vieja. Te juntas unas veces con los templarios y otras con los mercenarios, y sin embargo tu corazón se mantiene puro.

   – No podéis hablarme de esta forma, al-Sabbat – replicó la Viajera -, porque no soy como los otros vivos con los que soléis parlamentar.

Los rasgos de su cara se habían endurecido. Esta expresión encajaba mejor con la asesesina en la que se convertía cuando llegaba el momento de luchar. Hassan estaba satisfecho porque, por fin, había conseguido provocar una reacción en su interlocutora.

   – Sólo soy un simple guía – respondió él -. Mi misión es sondear el espíritu de los que se cruzan en el camino de los combatientes de la fe. Si mis palabras te hieren es porque crees que son ciertas. Por tus actos, Viajera, eres el brazo derecho de las quimeras cristianas. ¿Te debo respetar por eso?

   – Eres muy arrogante – replicó ella alzando su mirada al arco- ¿Sabes realmente dónde vas? ¿Estás seguro de actuar en la verdad de tu fe?.

  – Es cierto que, de todos estos soldados que caminan por el feudo de tu aliado templario, sólo uno es necesario para descubrir aquello que todos nosotros buscamos. No me importa saber que cae en manos del enemigo cristiano, ya que bastará con seguir el camino que tomen.

   – Entonces… ¿qué camino crees que encontrarás, Hassan?

   – El de la isla del diablo. Una vez ya encontramos un camino. Sin embargo, hoy en día apenas quedan unos pocos testigos… Georg von Holbein y Baptista Valombre vieron, al igual que yo, las puertas de los Nueve Iris. Y este descubrimiento tuvo como consecuencia una trágica batalla que hizo temblar los Infiernos.

   – ¿Pero ese paso se ha perdido para siempre, no? – inquirió la Viajera.

   – En efecto. Pero estoy convencido de que encontraremos otro camino dentro de poco. Si Hugues de Payns ignora que el fruto de todos los deseos se encuentra bajo sus ojos, es porque a él ya no le interesan. La protección de Sabiduría es el resultado de su búsqueda.

La joven mujer asintió con la mirada. Su sentimiento de repulsión hacia el Viejo de la Montaña había desaparecido.

   – ¿Cómo puedes estar seguro de encontrar la isla del diable saqueando las bibliotecas del reino, viejo? – Preguntó ella.

Hassan ibn al-Sabbah esbozó un gesto irritado con la mano. Esa pregunta requería una respuesta larga y detestaba hablar. Durante un breve instante pudo verse una expresión de enervamiento en su cara. Pero recobró su máscara cruel e impasible para empezar su narración:

   – Bran Carnoth – resopló Hassan-. Fue Bran Carnoth quien me abrió los ojos. Y si te dignas a escuchar mi historia, Viajera, tú misma podrás juzgar la rectitud de mis intenciones. Como ya he dicho, los templarios vinieron a Kohut en la época de las cruzadas, al igual que mis nizaritas. Evidentemente, ellos descubrieron Sabiduría mientras nosotros nos establecíamos en  Aussone y en Ampharaus. En aquella época, mongoles, selyúcidas y mamelucos aoarecieron en Kohut al pasar por mi feudo perdido de Alamut. La resistencia de Ronwe y de Xaphan, señores de Tebaida, mantuvo oculto durante mucho tiempo para el enemigo el camino hacia pelion y las tierras de señor Zaebas. 
Pero Osman unió a todos los musulmanes bajo una misma bandera. Por fin pudimos empezar una ezploración meticulosa del imperio del Inframundo. Poco a poco nos adentramos en Pelion, aprovechando las guerras feudales entre Zaebas, Thamuz y Adramalech para fortificar nuestras posiciones. Así es como mis fieles encontraron los pantanos de Goth-Walle, una maravillosa fuente de suministros para las tropas. 
Pelion ocultaba las claves de mi búsqueda. Yo ni lo sospechaba. 
Es por eso que, siguiendo mis consejos, los emires centraron sus fuerzas en Aussone y Ampharaus. Trazamos una línea de avituallamiento ante las narices de los grandes señores feudales de los Infiernos, que partía desde Goth-Walle y unía nuestras ciudadelas.  
Ante Alá, las extrañas artimañas que ejecutaron los Perdidos en aquel período, no me permitían interpretar las ambiciones de Bran Carnoth. La verdad es que por aquel entonces esperaba pacientemente su momento. Es un estratega único, El mismo ángel Samael puede inclinarse ante del Dux Bellorum.
En 1632, en el momento de la búsqueda más disparatada de la humanidad hasta el momento, Baptista Valombre y un mercenario papista de nombre Jorgen Lohn, descubrieron casi por casualidad el cículo de Pelion y el feudo de Zaebas. 
He dicho que en aquel entonces se descubrió un paso hacia los nueve Iris. Y se encontraba en seno de este círculo. Pero este paso no era el único. Por lo tanto existe otro, Bran Carnoth abrió el camino.  
Aún harían falta dos años para que las avanzadillas europeas se instalaran en los accesos a Goth-Walle. Los perros impíos de occidente asiaban nuestras fuentes. 
Su llegada precipitó los acontecimientos. Las escaramuzas se multiplicaron y las desensas de Adramalech acabaron cediendo bajo tal cantidad de ofensivas.
Era el momento que estaba esperando Bran Carnoth para iniciar una incursión en el desierto sofocante. 
Al ver los tótems sagrados que los Perdidos habían dejado tras de sí, comprendí que Bran CArnoth se adentraba en el corazón de los Infiernos para reclamar su corona.
Aún ahora, cuando Sabiduría cristaliza la ambición de todos los vivos, el rey espera vernos descubrir lo que él ya sabe. Él economiza el furor de sus tropas.
Cuando nuestros ojos se vuelvan en la dirección correcta, él dará el primer paso. Los fieles combatientes de la fe y los perros impíos se precipitarán tras él y mediante su gran cantidad de tropas sembrarán la confusión en las filas luciferinas. he aquí como Bran juega con nosotros y cómo jugará pronto con los archidemonios. 
Creo haberte revelado lo que Hugues de Payns aún ignora, Viajera: saber cómo tantas compañías enemigas habían aparecido de repente ante sus puertas y lo que pretenden sacar de su santuario. 
Ahora te toca a ti decirme lo que ignoro del señor Zaebas

 

Continuará…

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3 Responses to “Crónicas de Zaebas – Un rey en el campo de batalla (1ª parte)”


  1. 1 Makoto
    17 enero 2010 en 11:40 pm

    Pues o yo so mas nuevo (que es lo mas seguro) o esto se me ha olvidado (que tambien tengo memoria pez^^), pero me encanta el fragmento^^ quiero segunda parte…….y dios por que bran mola tanto xD^^

  2. 3 Makoto
    18 enero 2010 en 10:58 am

    Ya puedo entenderlo, y mira que empeze con sarracenos pero joe, desde que jugue con el me encanta y contra mas se de el mas me gusta xD^^ viva Bran!!!!!!


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