By Alissea

La caja básica de Sarracenos incluye: Nazir ibn Hamid, 2 Pilares de la Fe, 1 Hashishin, 1 pantera, 4 combatientes santificados, Chams al-Majid y 1 pantera de caza

El Príncipe Tarik Ibn Malik Ibn Rushd es un espadachín incomparable especializado en eliminar a los oficiales enemigos. En la Tierra Tarik cometió muchas atrocidades y se vio obligado a huir al Infierno para no ser castigado. A pesar de que su comportamiento no ha cambiado en el Inframundo, el consejo árabe sostiene que allí es más útil vivo que muerto, ya que descarga su frenesí guerrero contra los Demonios y los infieles.

Tarik también posee el índice más bajo de heridos y de muertos en combate entre sus tropas. Ya que gana las batallas a golpe de duelos.”

Extraído de las misivas del Alto Consejo Islámico de los Territorios Infernales.

La magestuosa Aguila de caza perturbará, en el momento oportuno, a los enemigos de su dueño Tarik.

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El Alquimista es un independiente, un artificiero sin par que dispone de granadas cuyos variados efectos permitirán establecer nuevas estrategias.

Algunos recordaron que su especialidad en materia de alquimia no era de las más honorables. Pensaréis: ¡fabricar granadas! Incluso las habían vendido a los infieles. ¡Qué escándalo!”

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Chams Al Majid es un genio formado por la arena del desierto de Rub. Un brujo lo había condenado a pasar toda la eternidad dentro de una jarra enterrado en el desierto, pero un caravanero la descubrió y lo liberó. Este caravanero partió hacia el Infierno, y como muestra de gratitud Chams prometió proteger a las tropas de Alá que se encontraran en el Infierno durante 7777 días.

“Sólo recuerdo un remolino ocre fundido con el viento sobre nuestro puesto. El suelo de enfrente de nuestro improvisado parapeto estaba formado por un polvo negruzco mezclado con arenilla. Algo no marchaba bien esta vez. Nuestros arcabuceros mantubieron las posiciones, preparados para recibir de frente a la horda. Contábamos con llenar de plomo a estos engendros de los abismos y regodearnos con de esta victoria fácil. A unos 70 metros de allí, en medio de la nube, múltiples siluetas de hombres con ropas amplias, se acercaban a nuestras posiciones, con los sables en alto. ¡Sarracenos!

El fuego brilló en nuestras mechas. 50 metros nos separaban de ellos, decenas de sus escudos de bronce reflejaban la pálida luz del final del día. La orden fue disparar todos nuestros efectivos en una única salva, supuesta devastadora. Pero aquel día estábamos equivocados. Todas las balas fueron desviadas o repelidas por el torbellino. Recargamos nuestras armas con rapidez pero la arena dorada se nos vino encima, revelándonos un demonio de arena con ojos como ascuas ardientes. Llevaba un turbante hecho de arena adornado con una esmeralda. Una de sus manos agarraba una cimitarra de contornos mal definidos. Contrariamente a otros demonios, era tan fascinante como terrorífico. A su alrededor fueron reuniéndose sarracenos armados vestidos de verde y bronce.

De repente empezó a murmurar algo, como si hablara al viento. Visiblemente, su petición aceptada. Un soplo caliente y seco, de una fuerza increíble, empujó el ejército morisco hacia nosotros tan rápidamente que nos derrotaron por la prontitud de su choque. Supe, después de nuestra, durante mis largas semanas de cautividad, que este demonio se llamaba genio, y que ayudaba a los sarracenos en su búsqueda hacia el paraíso. No sé que pensar de eso hoy, pero un aliado de este tipo es, sin duda, un regalo de su dios.” Sargento Paolo, marchas septentrionales de Kohut.

Los sarracenos son famosos por su destreza con las armas blancas, a partir de ahora también podrán contar con los Cazadores Berberiscos para hacer “morder el polvo”. Armados con Jezails, un tipo de mosquete, podrán acertar sin dificultad en blancos situados a una gran distancia.

Cuando los reclutadores vinieron al año siguiente se ofreció de inmediato para ocupar el lugar de un joven cazador. El padre de este chico le ofreció un camello, que me dio enseguida. No me extrañé por la decisión de mi hijo. Sabía que lo había perdido el día que se fue. “Cuando los Infiernos toman a tu hijo, sólo lo vuelves a ver en el Paraíso”, decimos las madres bereberes desde ese momento.



¿Creéis que los Occidentales son los únicos seres humanos que pisan las extensiones infernales? ¡Qué ilusos! Los hijos de Alá recorren los infiernos en busca de la puertas del Paraíso desde la época de las Cruzadas. Sólo las almas puras tendrán una posibilidad de lograr este fin. ¡La desgracias caiga sobre aquellos qué estén tan locos como para inmiscuirse en la búsqueda de los Sarracenos!
Los combatientes santificados constituyen la espina dorsal de los ejércitos musulmanes del Inframundo. Una organización rigurosa, junto con su gran número, furiosos y altamente protegidos. Tened cuidado con estos hombres carentes de artificios … ¡El remolino de su cimitarra es posiblemente la última cosa que veréis de ellos, guerreros arrogantes!

Los Dibbukims son unos guerreros sarracenos ebrios de sangre y matanzas, que siembran la muerte con la ayuda de sus cimitarras. A veces, su locura mortífera puede hacerlos volverse contra sus propios aliados…

Los dibbukims habían masacrado a las criaturas del mal. Igual de rápido habrían empezado a matarse entre ellos si el imán no hubiera recitado las palabras tranquilizadoras, las palabras del libro santo. Todos ellos soltaron sus armas y cayeron de rodillas en un charco de sangre y miembros cortados. Sólo había una forma de parar a un dibbukim”

Un Hashishin es un combatiente preparado para matar en silencio y desaparecer sin ser visto ni oído. Es una sombra en la pared, un susurro en el aire, un rastro que jamás existió…

El nombre y el apellido que me dieron mis padres no os dirán nada. Mi verdadero nacimiento se remonta al día de mi iniciación, cuando me convertí en hashishin. Desde entonces, mi antigua vida no ha tenido más importancia. Tampoco mi nombre, excepto para mis dos maestros. Alá y hassan Ibn Al-Sabbah. Los demás sólo deben temerme, a mí y a mis hermanos hashishins.

Entonces me infiltro en el campamento de los infieles, en un palacio demoníaco, en reuinas invadidas por condenados, en fortines de generales rivales… y escucho y observo. A veces durante horas, a veces durante días. Entonces sólo tengo como amigos a mis puñales y a Dios. Robo mi alimento o lo raciono. Duermo en escondites dignos de ratas o me olvido de la existencia del sueño. Luego entro a hacerles mi informe, no sin antes retranscribírselo a mi señor. Él sabe reunir lo que está disperso. Ve lo que es invisible. Comprende.

Y a veces, mi señor me ordena volver a salir a esos lugares malditos y encontrar a la persona que espié. Mediante las palabras o las cartas, le aporto los consejos, amenazas o los tratos de mi maestro… a menudo la persona, ya sea hombre, condenado o Demonio, se somete. Pero puede pasar que se niegue… y que muera.”

¿Buscas a un Independiente que destaque tanto en ataque como en defensa? Entonces el Lancero será la perfecta elección.

“Los ejércitos infernales reclamaban héroes. Nosotros habíamos dado prueba de ello sobre la tierra. Y descendimos. me acuerdo de mis hermanos de armas. Enseguida sentimos que ya no pertenecíamos a la realidad terrestre. Éramos algo más que nosotros y nuestros nombres. Entonces cada uno contó su historia. me acuerdo de todas.”

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La carismática Princesa Layla bint Suraya bint Javaira, oficial del ejército sarraceno, cabalga sobre un caballo destrero blanco tan rápido como el viento. A partir de ahora, los jugadores sarracenos también tendrán acceso a la magia, ya que la bella princesa es una gran infernalista, cuyos hechizos interferirán en las compañías enemigas.

La princesa Layla bint Suraya bint Javaira, que Alá la proteja, era una joven chica muy bella, y brillante como los astros de la bóveda celeste. Sus ojos eran como esmeraldas robadas al más precioso de los antiguos tesoros, su piel tenía la dulzura de la seda; sus cabellos de ébano se deslizaban sobre sus hombros, ligeros como el mismo viento, y su voz cantaba como el benéfico chorro de la lluvia en un día demasiado caluroso.

Su espíritu no tenía nada que envidiar a su cuerpo, en su gran generosidad, Alá la había dotado con una inteligencia viva y con un excepcional sentido artístico.”

Nazir ibn Hamid ibn Hajad, oficial de las tropas sarracenas, que descendió a los Infiernos para buscar a Alà. Creyente entre los creyentes, escogió minuciosamente sus tropas y emprendió la búsqueda. Pero el Infierno estaba lleno de horrores que mermaban la fe del más puro. Por ello, para no verlos y no corromper su alma, Nazir hizo que le quemaran los ojos.

¡Qué visión más extraña! realmente los Infiernos reúnen a personajes de lo más singular. El magrave había enviado una tropa de exploradores para confirmar la destrucción de la concesión minera de Witte. Esta gran mina, afincada en el corazón de las altas mesetas de Kohut, era el blanco de incesantes ataques demoníacos. El Consejo contrató a una pequeña guarnición. Su misión era la de proteger la explotación y mantener a raya a los centenares de condenados esclavizados. Estos pobres diablos excavaban, en condiciones inhumanas, penosamente la montaña en bsca de minerales preciosos.

A nuestra llegada, todo estaba en ruinas y ardía. Los cuerpos muertos de los soldados habían sido destripadoso. Se oía ruido de combates que procedía de las minas, el sonido del metal contra la carne desnuda. ¡Los nuestros aún vivían! A paso de carga, mi compañía se adentró en las profundidades, el ruido había cesado. ¡Estos malditos Demonios iban a pagar con su patética vida esta carnicería infame! A medida que avanzábamos, pudimos ver que caminábamos sobre un lecho de Condenados y Demonios. ¡Incomprensible! ¡Luego los vimos! .

Todos con turbantes y armaduras de escamas, con la piel bronceada, vestidos con ropas extrañas: un ejército de Sarracenos nos hacía frente. Los míticos Sarracenos … Los guiaba un viejo ciego, con vestiduras impolutas, al que rodeaba una especie de aura de luz. El viejo estaba encaramado sobre un hombre negro enorme y con la túnica y la espada manchadas de sangre, y con una mirada tan incisiva como su cimitarra. El noble viejo nos escudriñó un instante luego tomó la palabra y, en un latín impecable, dijo: “Hombres del otro lado del océano, vuestro sitio no está aquí. Nuestras espadas no han sido forjadas para mancharse con vuestra sangre. Marchaos ahora, y dad un entierro digno a vuestros hombres en tierra santa. Qué Alá el misericodioso os ayude … ”

Memorias del capitán Beaulieu, página 34.

La Pantera es uno de los pocos animales que pueden adaptarse al Infierno. La mayoría se vuelven locos. Además es perfecta para contrarrestar a los lemures.

Querido visir. Alabado sea Alá. Nuestros alquimistas han encontrado la solución. Después de varios ensayos poco fructíferos, nuestros sabios amigos pusieron a punto un arnés engastado con glifos capaces de proteger notablemente a las panteras.

También hemos lanzado la política de la cría intensiva de panteras, lo que no es fácil. En cambio progresamos rápidamente en el adiestramiento de nuestras panteras.

En lo sucesivo, sólo perdemos al 20% de nuestras panteras, que se escapan tan pronto como se las suelta en los territorios infernales. Pero realmente no es un problema, estas panteras raramente se oponen luego a un hombre. El 80% restante responde muy bien a las órdenes, que son reducidas a su mínima expresión, el instinto cazador de la pantera sigue siendo igual de eficaz. Las panteras obedecen a las órdenes vocales breves: busca, ataca, aquí, descansa… Pienso que se puede pasar al uso sistemático de estas fieras en la caza de lémures.”

Moussa ibn Aziz. Doctor de zoología de la Facultad de Ciencias de Constantinopla. Al cargo del Departamente de las Grandes Fieras.

El imán Nordine ibn Jalil miraba jugar a los niños en el jardín del orfanato. Tenían entre 3 y 6 años. Es la edad en la que hay que alistarlos y empezar su formación. Más mayores se vuelve demasiado arduo el introducirlos “naturalmente” en su papel. Y él estaba allí para descubrir a quienes alistaría en las filas de aquellos a los que se apodaba “Pilares de la Fe”.

El niño seleccionado debía mostrar, efectivamente, signos evidentes de lealtad y de devoción, pero debía tener un tipo de fe “natural”. Es ahí donde toda la experiencia del imán entraba en juego. Interrogaba y sometía a un test a los chicos que le parecían más prometedores, les ponía enigmas y los sometía a dilemas. Les proponía escoger entre 3 objetos un sombrero, un cuchillo y un Corán antes de interrogarles sobre su elección. Al final de la conversación. El imán pedía a los niños que encontraba preparados para ello si querían servir a Alá. Era la pregunta eliminatoria. Una mínima vacilación y el niño se quedaba en el orfanato.

Al cabo de 15 años de formación, el joven hombre sería sometido a una serie de pruebas: abandonado en pleno desierto, deberá salir de allí con un sola calabaza de agua, guiándose por las estrellas. Luego deberá ir a un lugar secreto, lleno de trampas y custodiado por otros monjes de otros monasterios, para coger un objeto en concreto. Durante el retorno, será perseguido y acosado; y deberá hacer todo lo posible para devolver el objeto al monasterio. Por fin, la última prueba consiste en acompañar al imán a la ciudad. Durante este trayecto, a la ida y a la vuelta, serán atacados constantemente, y el joven guerrero deberá impedir que el imán sea secuestrado por los asaltantes. Si fracasara, tendrá que esperar un año entero antes de poder repetir las pruebas. Si tiene éxito será declarado “Pilar de la Fe”, y al año siguiente se le asignaría la protección de un religioso importante a punto de partir hacia los Infiernos.

Jafar, ese ser formado por llamas (por lava en movimiento o por ascuas, dicen algunos) toma la forma de un ser humano gigante e intangible y casi inmaterial.

“Jafar se abalanzó sobre los soldados del Imperio, cogiéndolos entre sus puños encendidos, inmolándolos en medio de una risa rabiosa. Esta rabia crecía según lo hacía carnicería. Cuantos más cuerpos calcinados se acumulaban sobre el camino del efrit, más lo consumía la rabia.”

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Fâtina, la hurí. Una de las vírgenes del Paraíso islámico acude rauda a la batalla para prestar auxilio a las tropas sarracenas.

“Luego todo cambió. ¡Esa mujer! Apareció en medio de la batalla como por encanto. ¿Qué hacía allí? ¿Disfrazada? ¿Escondida por los soldados? ¿O cayó del cielo invocada por sus oraciones, llamada por su fe? En cualquiera de los casos, en ese preciso instante, fue como si un relámpago deslumbrante hubiera brotado del cielo. La mujer irradiaba una aura tan potente que nos molestaba. Nos cegó. Enseguida supe que esa mujer representaba un peligro, una amenaza. Estaba vestida con velos, y sin embargo ninguno de nuestros ataques parecía tocarla. ¡Oh esa luz insoportable!”

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